miércoles, 12 de febrero de 2014

EL PARTO (I)

El 25 de enero a las 12:00 empezó el jaleo.

Era sábado para un par de primerizos que no identificarían un elefante en una cacharrería, así que estábamos como para darnos cuenta de que había empezado todo. Los últimos tres días, la Amatxito había tenido contracciones muy irregulares, pero bastante intensas. Como ya habíamos llegado a la semana 41 y 4 días, casi nos habíamos hecho a la idea de que nos inducirían el parto.



  • Las dos últimas han sido bastante seguidas! – me dijo
  • ¿Qué te apetece comer hoy, corazón? – le respondí, pensando que no había novedad en el frente.


Ese mediodía comimos contando contracciones con la clásica app de móvil. Ella se zampó la paella entre apretón y apretón, tan tranquila. Yo mientras, viendo el telediario y acordándome de la virgen que trajo al mundo a todos los políticos (lo habitual, vamos!).

Para las 16:00 la vendita App ya nos había avisado de subir al hospital unas 15 veces. Así que decidimos pasarnos por allí, como quien decide ir a dar un paseo por el parque. No teníamos mejor cosa que hacer!!!!
Cuando planifiqué en su día los pormenores del parto, me revisé el camino más rápido al hospital, posibles zonas de aparcamiento, etc… pero como la cosa iba tan relajada, aparcamos a unos 15 minutos andando de la puerta del hospital; ahí, con un par!

Así que la Amatxito parturienta y yo, nos dimos ese paseo de sábado como quien no quiere la cosa.

Según entramos por la puerta, lo primero que nos preguntó la enfermera fue por la frecuencia de las contracciones:

  • Pues las tengo cada 4 minutitos, nada más! – le respondió.


A la señora en cuestión le cambió la cara. Como sin darnos cuenta, ya teníamos un señor con una silla de ruedas tras mi mujer, e íbamos camino del paritorio.

Tan convencidos estábamos de la falsa alarma, que ni había cogido la maleta del coche. Ese camino de 15 minutos andando me lo hice en 5 (con una maleta al hombro de unos 15 – 20 kilos). Si hoy me pedís que repita la misma carrera, os garantizo que me muero por el camino.

Todo lo que vino después, hasta el nacimiento de nuestro hijo, queda para nosotros. Solo os diré que fue la mejor experiencia de nuestras vidas. Dura, intensa, bonita …. faltan calificativos y resulta totalmente imposible de describir.


Buen día Padrazos!

No hay comentarios: