miércoles, 27 de noviembre de 2013

EL VIAJE A IKEA



Yo estaba muy contento pensando que me iba a escapar de hacer una visita a mis Suecos “favoritos”, porque ya estamos en medio del segundo trimestre y mi chica aun no me había dicho nada.

Me estaba frotando las manos pensando que iba a tener tiempo este fin de semana para jugar a la Play y ver la carrera de Fórmula 1.  Pero como ella tiene una especie de radar para detectar los findes en los que uno va a aprovechar para estar “de Rodriguez”, no tardó mucho en arruinar mis humildes planes:

-Mañana nos vamos al Ikea. ¿Qué te parece la idea?
-Pues diría que “Ikea” e “Idea” riman con “hacerlo este finde me marea”

Desde luego que no tuve opción a contestar otra cosa que no fuese un “de acuerdo”. De todos modos hay una rima que mi chica no tuvo en cuenta y es que, curiosamente, “Ikea” también rima con “mea” y ahora entenderéis porqué.

A estas alturas de embarazo, necesita ir al aseo cada 5 minutos y el viajecito al olimpo del mueble es de 1 hora aproximadamente. La incompatibilidad del asunto en cuestión está clara. Y esto no es lo peor de todo, porque no hay suficientes gasolineras en la autopista como para cubrir estas necesidades. Así que un trayecto relativamente corto y simple, se convirtió en la Odisea de Ulises, entre sufrimientos, incontinencias y un largo etc. de penurias diversas.

Cuando por fin llegamos, además de hacer una liberadora visita al WC, empezamos con la tarea. Rápidamente nos quedó claro que los Suecos saben hacer sufrir a una embarazada en sus centros comerciales. A parte de no haber un solo aseo a lo largo y ancho de todo el recorrido de la exposición y el almacén, no os cuento el calvario y recochineo que supone hacerla pasar por la sección de baño.

A todo esto hay que añadir el resto de penurias habituales. Estoy convencido de que los escritores de la serie The Walking Dead se inspiraron en un Ikea. Si no me creéis, fijaros como la gente, según llega a la exposición, se pone a caminar como zombis, sin dirección ni rumbo aparente, chocando con todo el mundo como si estuvieran solos y dispuestos a morder la yugular a quien haga falta con tal de poder probar, tocar o estrujar cualquier artículo expuesto. Los lápices gratuitos no son otra cosa que estacas de madera para defenderse de cualquier agresión. Empiezo a tener dudas de si el famoso codillo que tan bueno está y que sirven en su restaurante, es realmente una parte del cerdo o aprovechan los restos de la carnicería que se monta en la exposición, para alimentarnos y además cobrarnos por ello.

Pero si crees que la película Gore termina cuando pasas por caja, vas listo. Aun te queda el viaje de vuelta y algo que es mucho peor: montar los muebles. Estos inventos que te traes a casa, suelen resultar sencillos de montar. Sobre todo cuando ya tienes un poco de experiencia. Pero el riesgo no está en este apartado. Resulta que al día siguiente empiezas a componer el primero. Poco a poco y sin darte cuenta, como si de una droga se tratase, te vas enganchando y no puedes parar de montar hasta ver el resultado final. Esto puede ser entretenido cuando solo tienes una pieza. Lo chungo es que, normalmente, te has comprado unas 4 o 5, por lo que te picas contigo mismo y te animas a terminar cuanto antes. El resultado es siempre el mismo: las 2 de la madrugada, dedos morados de tanto machacártelos con el martillo (es que uno no es carpintero!) y otra vez ojeras hasta los pies. Eso sí, te queda un regustillo en la boca a serrín que te dura días!

Buen día, Padrazos!

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