Yo estaba muy contento
pensando que me iba a escapar de hacer una visita a mis Suecos “favoritos”,
porque ya estamos en medio del segundo trimestre y mi chica aun no me había
dicho nada.
Me estaba frotando las
manos pensando que iba a tener tiempo este fin de semana para jugar a la Play y
ver la carrera de Fórmula 1. Pero como
ella tiene una especie de radar para detectar los findes en los que uno va a
aprovechar para estar “de Rodriguez”, no tardó mucho en arruinar mis humildes
planes:
-Mañana nos vamos al
Ikea. ¿Qué te parece la idea?
-Pues diría que “Ikea”
e “Idea” riman con “hacerlo este finde me marea”
Desde luego que no
tuve opción a contestar otra cosa que no fuese un “de acuerdo”. De todos modos hay una
rima que mi chica no tuvo en cuenta y es que, curiosamente, “Ikea” también rima
con “mea” y ahora entenderéis porqué.
A estas alturas de
embarazo, necesita ir al aseo cada 5 minutos y el viajecito al olimpo del
mueble es de 1 hora aproximadamente. La incompatibilidad del asunto en cuestión
está clara. Y esto no es lo peor de todo, porque no hay suficientes gasolineras
en la autopista como para cubrir estas necesidades. Así que un trayecto
relativamente corto y simple, se convirtió en la Odisea de Ulises, entre
sufrimientos, incontinencias y un largo etc. de penurias diversas.
Cuando por fin
llegamos, además de hacer una liberadora visita al WC, empezamos con la tarea. Rápidamente
nos quedó claro que los Suecos saben hacer sufrir a una embarazada en sus
centros comerciales. A parte de no haber un solo aseo a lo largo y ancho de
todo el recorrido de la exposición y el almacén, no os cuento el calvario y
recochineo que supone hacerla pasar por la sección de baño.
A todo esto hay que
añadir el resto de penurias habituales. Estoy convencido de que los escritores
de la serie The Walking Dead se inspiraron en un Ikea. Si no me creéis, fijaros
como la gente, según llega a la exposición, se pone a caminar como zombis, sin
dirección ni rumbo aparente, chocando con todo el mundo como si estuvieran solos
y dispuestos a morder la yugular a quien haga falta con tal de poder probar,
tocar o estrujar cualquier artículo expuesto. Los lápices gratuitos no son otra
cosa que estacas de madera para defenderse de cualquier agresión. Empiezo a
tener dudas de si el famoso codillo que tan bueno está y que sirven en su
restaurante, es realmente una parte del cerdo o aprovechan los restos de la
carnicería que se monta en la exposición, para alimentarnos y además cobrarnos
por ello.
Pero si crees que la
película Gore termina cuando pasas por caja, vas listo. Aun te queda el viaje
de vuelta y algo que es mucho peor: montar los muebles. Estos inventos que te
traes a casa, suelen resultar sencillos de montar. Sobre todo cuando ya tienes
un poco de experiencia. Pero el riesgo no está en este apartado. Resulta que al
día siguiente empiezas a componer el primero. Poco a poco y sin
darte cuenta, como si de una droga se tratase, te vas enganchando y no puedes
parar de montar hasta ver el resultado final. Esto puede ser entretenido cuando
solo tienes una pieza. Lo chungo es que, normalmente, te has comprado unas 4 o
5, por lo que te picas contigo mismo y te animas a terminar cuanto antes. El
resultado es siempre el mismo: las 2 de la madrugada, dedos morados de tanto machacártelos
con el martillo (es que uno no es carpintero!) y otra vez ojeras hasta los
pies. Eso sí, te queda un regustillo en la boca a serrín que te dura días!
Buen día, Padrazos!

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