No es que me haya dado por
poneros a parir a todos, pero debería…
Es que esto de la paternidad y de
entrar en el último trimestre le hace a uno ponerse filosófico. Será el
cansancio o el exceso de hormonas de la Amatxo que me tiene alteradito perdido,
pero es que leo noticias como que en España, ya son más el número de
fallecimientos que el de nacimientos y no puedo evitar quedarme embobado
pensando en el asunto.
El otro día me fui a mi cita
semanal de Amatxos Anónimas con esto en la cabeza y no pude evitar fijarme que
la mayoría de las asistentes iban a ser madres por primera vez habiendo
superado los 30.
Si mi abuela levantase la cabeza, se hinchaba a repartir
collejas por el mundo.
Ellas, nuestras santas Yayas que
pasaban más tiempo en el paritorio que en el banco comiendo pipas y poniendo
verde a la Belén Esteban, contaban los churumbeles de 5 en 5 y con crisis más
chungas que las de ahora. Si prestáis atención en el super, cada vez que una
abnegada Amatxo le niega a su Morrosko un dulce en la caja y este le monta el
correspondiente jolgorio, resulta más sencillo ver caras de mala leche y
molestia a su alrededor, que de comprensión. Los niños pequeños producen más
rechazo que aceptación.
Así nos va.
Mi Yaya alumbró a 4 churumbeles y el primero fue con 17 (con dos cojonen, que diría la
Merkel) y en plena guerra civil española. Cuando terminó la batallita, costaba
sangre, sudor y lágrimas (en sentido literal) encontrar un chusco de pan para
alimentarlos. Hoy, si vemos a alguien con más de dos hijos, le miramos mal
pensando que tiene un estatus social alto y que se lo puede permitir.
Ser padres se ha convertido en un
tema tabú, porque valoramos más nuestra libertad que lo que aporta la
paternidad. Ya veremos quien nos va a pagar la pensión dentro de 50 años.
Buen día, Padrazos!
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