Me acerqué a la futura Amatxo
hace poco para preguntarle si quería algún regalito para estas Navidades y me
soltó un: “este año no quiero regalos, mi amor”. Será que con el embarazo le ha
entrado un poco de depre, pensé. Me limité a contestarle con un simple: “Vale,
cariño”.
Puede que os haya pasado en
alguna ocasión algo similar. Como hombres que somos, a buen seguro que habréis tenido
una fuerte tentación de hacerle caso. Pues ya os adelanto que corréis el riesgo
de comeros las uvas de esta noche vieja y de la próxima en el bar de la esquina
como no aparezcáis con un agasajo de los grandes el día 25 de diciembre.
El caso es que ella, sutil como
ninguna, me ha dejado esta mañana un catálogo de premamá con una bandolera portabebés
marcada en rotulador rojo indeleble y fosforíto. Solo le faltaba haber cogido unas luces de
neón en los chinos y habérselas puesto alrededor. Se nota que me conoce bien,
porque os juro que no le iba a regalar nada.
Si me da por presentarme el día
25 sin obsequio, me habría tocado ir a por tabaco urgentemente … y eso que no soy
fumador. Es que uno es un poco palurdo en esto de leer entrelineas a su santa
esposa y si no es porque se encarga de dejarme las cosas clarinete, las liaría
parda en más de una ocasión.
Lo hombres somos muy simples. Si
queremos algo, lo decimos. Si no queremos algo, pues también lo decimos. No se
nos ocurre nunca comunicar lo contrario a aquello que pensamos o queremos. Esa
simpleza nos lleva en ocasiones a meter la pata de forma irremediable y boba.
Chicas, por favor, comprendednos y querednos … no lo podemos remediar. Es
nuestro ADN.
Feliz día, Padrazos!
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