Uno es de esa clase de tipos que
cuando se anima a ser padre tiene una idea más o menos clara de la que se
avecina. Si no eres de esos locos de la pradera que se lanza a la paternidad
sin pensar en las consecuencias, de lo primerito que piensas cuando te dan la
gran noticia es que vas a currar como el que más y procuras informarte sobre
todo lo que hará falta en los próximos 9 meses.
Asumes que la futura Amatxito te
va a necesitar más que nunca y que tendrás que colaborar en todas las tareas
para las cuales seas requerido. Planchar, limpiar, cocinar, ... hasta ponerle
los calcetines si hace falta (y le hará falta en el último mes de embarazo!).
Pero desde luego, hay cosas para
las que uno nunca puede estar del todo preparado. La cercanía del momento
encoje el corazón (versión poética de: Acojona un huevo!). En las reuniones de
Amatxitos Anónimas ya has tenido un bebé de goma en brazos y has practicado eso
de cambiar pañales pero, solo de pensar en que en unos pocos días vas a tener a
tu Morrosko en brazos y que este tipo de tareas van a ser tu responsabilidad … eso
es harina de otro costal, amigo…
Y además está el tema del parto.
El día D es un momento que ellas preparan a conciencia, pero ¿y nosotros? Hayas
decidido estar presente en el paritorio o no, ese día estoy seguro de que va a
ser duro, tenso y precioso a la vez. ¿Estamos realmente preparados para
sobrellevar el momento?¿Vamos a ser el apoyo que la Amatxito necesitará en ese
momento?...
En las pelis rosas rositas suele
quedar la mar de divertido cuando el padre se desmalla en mitad del parto por
el simple hecho de ver un bisturí. Estoy seguro de que tu no quieres ser uno de
esos. Por ello os voy a dar algún consejo para que vosotros también os preparéis
para ese momento. Son ideas sencillas, pero que marcan una gran diferencia:
Pásate por el hospital unas semanas antes: Así podrás ver cuál es
la mejor ruta para ir y dónde aparcar el coche. Si lo haces, verás como cuando
llegue el momento irás más tranquilo.
Controlar las contracciones: Con una mano en la barriga y la otra
en el reloj, apunta el tiempo de cada contracción y el espacio entre ellas. Una
buena manera de sentirlas es colocando la mano en la región del ombligo: fuera
de la contracción se podrán hundir los dedos y palpar partes del bebé, mientras
que durante la contracción, no.
No te olvides del bolso: Aunque en rigor nada de lo que allí lleves
es indispensable para el parto, sí es para la mamá una fuente de seguridad. Son
las cositas de su bebé, que preparó con ilusión.
Se su fuente de tranquilidad: Es algo que aprendisteis juntos en el
curso de preparto. Pero con el dolor, la mujer se puede olvidar de respirar
cuando viene la contracción y los nervios harán que el parto sea más duro.
Haz que ella se sienta acompañada: En la sala de preparto muchas
veces los dos estáis solos, preparándoos para lo que vendrá. Tú le puedes
demostrar su apoyo dándole la mano, arreglándole el pelo, haciéndole masajes en
la zona lumbar, o alentándola frente a cada contracción.
No dejar que tomen posesión de la habitación: Ya nació el bebé y
todos quieren conocerlo, pero el Aitatxo tiene que regular las visitas, y
frenar a familiares y amigos si ve que su mujer está cansada o quiere estar a
solas con el bebé. "Es un motivo de alegría para todos, pero tienen toda
la vida para conocerlo, alzarlo y estar con él: justamente, se trata de una
vida que está empezando. Tienen que entender que no es un auto nuevo, ¡es un
hijo nuevo!".
Ocuparse de los trámites: Aunque muchas veces el obstetra es quien
da inicio a los trámites administrativos y sólo se completan después del
nacimiento, claramente están dentro del ámbito de acción del Aitatxo.
Prestarle atención a la Amatxo: Con el nacimiento del bebé, se
produce un desplazamiento de la atención: antes ella era el centro de todas las
miradas y ahora todo se concentra en el bebé. Y si bien ella está feliz de que
así sea, no deja de sentirse un poco abandonada. Eres tú quien debe equilibrar
esta situación. Hacerle un regalito, por ejemplo, es muy lindo. Pero más allá
de por el regalo en sí, es porque ella pensará: 'se acordó de mí, sigo
existiendo'. Harás que se sienta valorada en su papel de mujer". Un
consejo para padres desorientados: no es momento de regalarle
electrodomésticos.
Una vez en casa, ¡a sus órdenes!: Ahora ya sois tres en casa. La
familia vive su momento de mayor felicidad. Pero todo parece cuesta arriba. No
sabes hacer nada. Cada pañal es un desafío. No puedes limpiar, lavar los
platos, ni bañarte. Cuando viene alguien de visita, te ofrece ayuda con el
bebé, pero a nadie se le ocurre echarte una mano con la casa. La Amatxo
necesita que la ayuden de muchas maneras: desde la contención afectiva, hasta
los detalles más prácticos. Puede necesitar desde un abrazo hasta un cambio de
pañales o que cuides al bebé mientras ella descansa, se da una ducha, o
sale a pasear.
Espero haberos ayudado un poco.
Buen día Aitatxos!
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