Ayer, asqueados hasta la médula
de tanto esperar, nos presentamos ante la ginecóloga, decididos a buscar un
camino para lograr que el Morrosko se anime a venir al mundo.
A estas alturas, estamos 4 días
pasados de fecha y seguimos sin tener una sola señal parturienta. Así que, por enésima
vez, me tocó volver al mundo rosa rosita.
Mira tú cómo son las cosas que,
tras nueve meses de visitas, he terminado por acostumbrarme al colorido
consultorio. Es más, ya diría que hasta me está gustando. No creo que sea
cuestión de que mi hombría se esté ablandando. Me da que es más un tema de: “el
roce hace el cariño”. Vamos, que de tanto ir, llega un momento en el que los
colorines rositas terminan por resultarte absolutamente indiferentes. Si lo
pregunto, seguro que me diagnostican una extraña forma de daltonismo rosita.
Tras recibir los pertinentes
consejos, he llegado a la conclusión de que por mucho que la medicina
evolucione, hay cosas que no se van a poder solucionar nunca. Una de ellas es y
será hacer que un Morrosko se anime a venir al mundo en su fecha. Andar mucho,
subir y bajar escaleras … son algunas de las recetas sugeridas para lograr un
parto.
Sin embargo, yo voy un paso más
allá. He decidido apagar la televisión. Para mí que el nene está asustado de oír
las noticias y ha decidido que no tiene prisa alguna en venir al mundo.
No le juzgo. Cualquiera en su
lugar se sentiría igual.
Buen día, Padrazos!

No hay comentarios:
Publicar un comentario