Ya estamos en fechas del gran
acontecimiento y los últimos días se han hecho eternos. Si se cumplen las
predicciones, esta semana seremos Aitatxo y Amatxo.
Aun así, el Morrosko ya se está
poniendo peleón antes de nacer (la que nos espera). Ha decidido que se va a
tomar su tiempo en venir al mundo. Es lo que cabe deducir de la total falta de
indicios parturientos de la Amatxo. La pobre sigue con los más diversos dolores
por todo el cuerpo, pero no tiene ni un solo amago de contracción.
Y si nosotros andamos en la nada
despreciable tarea de contener la desesperación y la impaciencia, la familia se
ha empeñado en hacernos la puñeta.
El otro día, nos tomamos una
mañana tranquila y sin móviles. Un café con tostada (hacía mucho que no nos dábamos
un caprichillo como este), un paseo tranquilo por el barrio y una duchita
relajante para rematar. Nos dedicamos a
nosotros mismos tres horitas, desconectados de móviles, Skype, Whatsapp y
cualquier otro medio de comunicación imaginable en estos tiempos. Para cuando
se nos ocurrió volver a conectarnos, había estallado la Tercera Guerra Mundial.
Resulta que hubo una llamada de
control vía Skype desde Ucrania (últimamente son diarias). Al no responder nos llamaron
al móvil, al fijo de casa… y, de este modo, se sucedieron múltiples intentos de
contactar con nosotros por todos los medios posibles. El asuntó terminó por
hacer que saltasen todas las alarmas.
Ya teníamos a media familia alterada
pensando que había llegado el momento y mientras, nosotros echando un cafelito
tranquilos.
Así que hemos descubierto sin quererlo, que estamos más controlados
que Osama Bin Laden. Vamos, que para mí que tenemos el piso lleno de micrófonos
espía, al acecho de que la Amatxito emita el más leve de los quejidos, para que
automáticamente tengamos al Primer Regimiento del ejército regular de nuestra
familia en la puerta.
Me río yo de la persecución que
le han hecho a Eduard Snowden.
Buen día, padrazos!

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