Hoy los médicos se han puesto
firmes y han decidido que el Morrosko viene al mundo como máximo el próximo
lunes. Con la cara que tenía esta mañana la enfermera que nos ha recibido, yo
de ser él y estar ahí dentro, les haría caso.
Resulta curioso como en todos los
hospitales hay siempre una enfermera o doctora con malas pulgas. Es la típica a
la que no le sacas una sonrisa ni tan siquiera preguntándole si se ha tomado el
All Bran de hoy.
Esta mala leche suele contrastar
(si hay un poco de suerte) con el buen hacer de otros profesionales, a los que
el tazón de cereales rico en fibras no les debe de faltar ninguna mañana. Gente
seria y profesional, pero que te reciben con una sonrisa. Son capaces de darte
una mala noticia y hacer que no te la tomes tan mal.
Otra de las cosas que me ha
gustado del Hospital Materno Infantil es que, por fin, he salido del mundo
rosa. Esta vez todo se ha vuelto verde. Es como una especie de obsesión por los
colores. Seguramente el diseñador pensó (acertadamente) que este color calma y
sosiega.
Que digo yo que le pueden
preguntar a la embarazada que llegó hoy pegando gritos como una posesa, si se
sentía más calmadita al entrar por la puerta del hospital. A buen seguro que se
acordaría de la madre que lo pintó… y de su abuela también.
Buen día, padrazos!
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