En Burgos han decidido berrear
para lograr sus objetivos. Parece que el dicho de “quien no llora no mama”
funciona, porque por el momento han logrado parar la obra.
Por este motivo, me he animado a
romperme las gónadas frente a la barriga de la Amatxo, a ver si de este modo,
el Morrosko se anima a venir al mundo.
Aunque últimamente me estoy
dejando llevar por la desesperación y empiezo a pensar que el protestón es el.
Vamos, que se ha enterado de la clase de mundo al que va a venir y ha decidido
que no vale la pena correr demasiado para llegar a él.
Ya puestos a dejar que mi mente
desvaríe (y a estas alturas ya me resulta fácil hacerlo), empiezo a pensar que
la culpa de que no venga es del Gobierno. No es que haya decidido sumarme a ese
deporte nacional consistente en poner a parir a todo político viviente. Es que
viendo cómo está el país, me resulta sencillo imaginar que Rajoy se ha
inventado un producto químico para echarle al agua que retrase los partos lo
máximo posible, no vaya a ser que le descuadren otra vez las cifras del paro juvenil.
No os riáis de mí, por favor. Este
Aitatxo sufridor se está consumiendo por la impaciencia. Lo peor de todo es que
es un sentimiento masoquista y consciente. Vamos, que se perfectamente que lo
que viene son lloros, pañales e insomnio en cantidades industriales. Aun así,
lo cambio por esta especie de laguna en el espacio tiempo en la que eres
consciente de cada segundo del reloj y que parece no llevar a ninguna parte.
Toca más paciencia.
Buen día, padrazos!

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