Un día más y sigue sin querer
venir. Hasta los mismísimos estoy ya de la preguntita diaria:
¿Aún no ha salido?
Ya tengo bastante con que el
Morrosko haya decidido prolongar sus vacaciones uterinas (y no os cuento como
está la Amatxo…) como para que tenga el teléfono saturado por los familiares,
amigos, compañeros de trabajo y un largo etc. de “tocapies” variados.
Me da en la nariz que en la
oficina ya han preparado una porra a mis espaldas.
Por si todo esto no fuera poco,
la vecina se ha sumado a la fiesta. Nos lleva más controlados que nuestra
ginecóloga. Esta mañana en el ascensor ya se acordaba de que hoy salíamos de
cuentas. Me ha montado un monólogo macabro sobre lo mucho que se le retrasó a
ella. Y eso que me he limitado a darle los buenos días. Así que me he ido al
trabajo “calentito”.
El remate ha sido al entrar por la puerta del despacho. La
secretaria, los chicos del taller, el jefe … todos con la preguntita dichosa.
Por lo menos uno de ellos le ha echado imaginación y me ha picado diciendo: Pero,
¿aun estas aquí?.
Santa paciencia…
Así es que aquí me tenéis. Contando días, horas, minutos y segundos ... esperando que por fin llegue la única llamada que realmente deseo. La de la Amatxito diciéndome que ya ha llegado el momento.
Buen días, padrazos!

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