El segundo día de Hospital
convirtió nuestra habitación en un sarao tipo Salvame Deluxe, pero de los
gordos.
Tuvimos desfile de familiares al
por mayor.
Uno sabe ser agradecido, porque
es bien nacido. Adoramos a nuestra familia que se ha volcado con nosotros y nos
ayudan muchísimo. Aun y con todo, no pueden evitar que, con su ir y venir emocionado
y alegre, nos sintiésemos como en el camarote de los Hermanos Marx.
Entre sus muestras de alegría,
los lloros del Morrosko y los ronquidos de la gorda (nuestra compañera de
habitación roncaba más que la Caballé en el anunció de navidad de este año),
terminamos el día tan aturdidos que ni nos enteramos del tremendo temporal de
viento y olas que azotó San Sebastián.
Resulta que la fuerza de las
olas, además de inundarnos las calles, fue capaz de mover dos centímetros el
puente del Kursaal. Yo estoy por llamar a los de AEMET para que estudien los
ronquidos de nuestra vecina, porque esa potencia de resoplido bien pudo
originar la famosa Ciclogenesis Explosiva que arrasó nuestra ciudad ese día.
La segunda noche continuó con
nuestra habitual tortura de enfermeras. Si el Morrosko se tiraba un pedete, yo
apretaba el botón. Si me giñaba un ojo, vuelta a apretar el botón,… al final me
cambié de sitio el sofá de descanso para estar al lado del bendito botón. Una
cosa positiva tenía todo esto. Cada 8 horas nos entraba un nuevo turno de enfermeras
fresquitas y listas para martirizar. Como ovejitas camino del matadero, las íbamos
sacrificando una a una, Muhahahahaha!!!!!
No os hacéis a la idea de lo
culpable y tonto que me siento ahora, solo con recordarlo. Un abrazo muy gordo
para todas las enfermeras de pediatría y neonatos. Soy un@s Sant@s!
Buen día, Padrazos!

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