Nada más aterrizar en casa y con
todo patas arriba, me levanté de la cama como pude la primera mañana, dispuesto
a poner en marcha ese “Plan” que en su día organicé para hacer los papeles
del Morrosko.
Con una sonrisa le miré a la
Amatxo y le dije:
Bueno! Esta mañana me la voy a pasar fuera para hacer los papelotes del
Peke. A ver qué tal te organizas!!!
Su cara reflejó todo un compendio
de sensaciones claramente descriptivas de lo que su boca estaba a punto de
soltar:
Si piensas que me vas a dejar aquí sola una mañana entera, ya puedes ir llamando a tu madre porque a casa no vuelves!
Me pasé una semana entera
planificando al dedillo este día, para que nada fallase y no terminase perdido
entre las múltiples oficinas que la burocracia de este país nos impone visitar,
cuando uno se convierte en padre. Pero la verdad es que este detalle se me
escapó....
A ver quién es el guapo que deja a una Amatxito primeriza sola en casa
con el Morrosko toda una mañana, mientras yo me voy de picos pardos
funcionariales.
Mi segundo error del día, fue
intentar convencerla de que iba a ser capaz de salir adelante sin problemas. Imaginaos
a vosotros mismos, dejando a vuestras mujeres con una bomba de relojería en las
manos que, si se mueve tres milímetros, explota. Mi mujer estaba dispuesta a dejarme claro que, o llamaba a los TEDAX para que la hiciesen compañía o moríamos juntos.
Me tocó tirar de agenda para ver
quien estaba libre para acompañarla al menos las tres horas que iba a tardar en
hacerlo todo.
Cada día me siento más como
Fernando Alonso. Según entró por la puerta nuestra amiga, me subí al coche y
salí disparado para registrar a nuestro hijo en el sistema. Como si de una
vuelta rápida de fórmula 1 se tratase, logré
hacerlo todo en 2 horas y media. Una vez más, si me pedís que lo repita, os
respondería al estilo alemán: Ni de coñen!
Buen día, padrazos!

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