Hacía más de 3 o 4 años que no veía
televisión más allá de las 22:00. Jamás pensé que el hecho de ser padre iba a
hacer que volviese por mis anteriores fueros pero aquí estoy, viendo al Pablo
Motos o lo que se tercie, mientras le doy cuatro meneos al Morrosko para que se
relaje.
Así es que, entre eructo y eructo,
ayer me partí la caja un buen rato viendo como “torturaban” a Chicote.
Señores míos! No pienso sentirme
culpable por aprovechar las largas horas pedorriles y nocturnas con mi hijo,
viendo en la tele lo que me salga del moño.
Ahora lo que empiezo a temerme es
que la combinación de insomnio prolongado y telebasura, termine por afectar a
mis neuronas gravemente.
Si algún día me pilláis
escribiendo en el blog sobre los líos amorosos de la princesa del pueblo, espero
y deseo que tengáis a bien llamarme la atención, para que me lo haga mirar por
un buen loquero.
Una cosa es ser padre y otra muy
distinta es perder la dignidad en el intento.
Buen día, Padrazos!
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